La Social Media y la empresa 2.0.

La Social Media cada vez está más presente en la actividad diaria de las empresas, aunque los recelos cuando no la oposición directa siguen presentes en muchos departamentos. El cambio siempre ha provocado resistencia y el mundo empresarial no es ajeno a la revolución digital. Para desgracia de ejecutivos y empleados de la vieja escuela, las redes sociales son una herramienta de marketing, branding, ecommerce, publicidad, pero por encima de todo un modelo de gestión basado en la eficacia.

Los supervivientes de los viejos tiempos se parapetan en sus despachos y repiten como un mantra los estereotipos negativos de la Social Media invocando una especie de encantamiento que les salve del reciclaje: “Las redes sociales son un bluf, humo….”. La reacción llega porque las redes sociales han puesto en jaque las estructuras empresariales basadas en férreas jerarquías. En muchos casos, las decisiones dependían del equilibrio interno y de las luchas de poder. El talento solía quedar arrinconado en detrimento de un adecuado posicionamiento interno de los empleados con la dirección.

Todo este entramado ha saltado por el aire porque el consumidor ha dejado de ser un sujeto pasivo y desvalido y ha tomado el poder de los mercados. El ciudadano ya no está solo ante las marcas, las redes sociales han disparado  su influencia más allá de su ámbito cercano.  Ha emergido la figura del prosumer, el consumidor 2.0. capacitado para  generar una corriente de opinión sobre los productos y los servicios.

Esta nueva de generación de consumidores se sitúa a la misma altura que las marcas y les emplaza a una relación de tú a tú. La revolución llega a través del servicio de atención, habitualmente uno de los grandes olvidados de las empresas. Las nuevas reglas de juego han traído una transparencia inédita.

Ante la mayor exigencia de los consumidores, las marcas se ven obligadas a ser ágiles para responder de forma más inmediata, tienen que dar explicaciones. Las masivas campañas tradicionales, en las que las empresas avasallaban por tierra, mar y aire (televisión, radio y periódico), empiezan a perder eficacia.

Este movimiento también ha beneficiado a los propios trabajadores que empiezan a disfrutar de unas empresas más democráticas. Ante la feroz competencia de un mercado globalizado e interconectado se impone la eficacia y la suma de conocimientos. Todas las aportaciones son bienvenidas.

La participación empieza a promoverse con diferentes herramientas como yammer, una red social adaptada a las corporaciones, que complementan las tradicionales intranets. Las empresas más aventajadas han dado un paso más allá para convertir a sus propios trabajadores en embajadores de la marca a través de las redes sociales.  Antes han tenido que superar la asignatura de la comunicación interna para erradicar la brecha entre la dirección y los empleados.

La revolución digital sigue su curso y empieza a moldear un nuevo modelo de gestión. Seguimos expectantes.

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